LECTURAS DEL DOMINGO XIX DEL T. ORDINARIO 7 DE AGOSTO

LOS HOMBRES QUE SE DEJARON HALLAR POR DIOS



SAN CAYETANO


1 R 19, 9. 11-13; Rm 9, 1-5; Mt 14 22-33


Elías, Pablo y Pedro, tres israelitas que buscaron apasionadamente a Dios. Elías se confrontó con los sacerdotes de Baal y desafió a sus contemporáneos para que sirvieran con el corazón entero al Señor. Como profeta fiel a Dios padeció destierros y persecuciones. En las horas adversas, la presencia discreta del Señor lo confortó. De la herencia milenaria del pueblo de Israel, Pablo y Pedro fueron beneficiarios y herederos. Sin embargo, cuando Pablo descubrió la fuerza vivificante del Resucitado se desgajó del viejo olivo y se asoció a Cristo muerto y resucitado. El apóstol Pedro aprendió con retrocesos y caídas a reconocer la presencia del Señor Jesús. En el lago recibió el llamado, ahí mismo sucumbió ante el embate de sus miedos y ahí mismo el Señor resucitado le encomendó pastorear su rebaño.


ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 73, 20. 19. 22. 23)


Acuérdate, Señor, de tu alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa; no olvides las voces de los que te buscan.



ORACIÓN COLECTA


Dios eterno y todopoderoso a quien confiadamente podemos llamar ya Padre nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que podamos gozar, después de esta vida, de la herencia que nos has prometido. Por nuestro Señor Jesucristo…


LITURGIA DE LA PALABRA


Quédate en el monte, porque el Señor va a pasar.



Del primer libro de los Reyes: 19, 9. 11-13


Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo: “Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor, porque el Señor va a pasar”.


Así lo hizo Elías y, al acercarse el Señor, vino primero un viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo después un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.


 Palabra de Dios


Te alabamos, Señor.


Del salmo 84 



R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.



Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación, y la gloria del Señor habitará en la tierra. R/.



La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron; la fidelidad brotó en la tierra, y la justicia vino del cielo. R/.


La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas. R/.



Hasta quisiera verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos.



De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 9, 1-5



Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza, y un dolor incesante tortura mi corazón.



Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.


 Palabra de Dios.


 Te alabamos, Señor.



ACLAMACIÓN (Sal 129, 5)


 R/. Aleluya, aleluya.



Confío en el Señor, mi alma espera y confía en su palabra. R/.


Mándame ir a ti caminando sobre el agua.


Del santo Evangelio según san Mateo: 14, 22-33



En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras Él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba Él solo allí. Entre tanto, la barca iba ya muy lejos de la costa, y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron, y decían: “¡Es un fantasma!”. Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.


Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!”. Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”. En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.



 Palabra del Señor.


 Gloria a ti, Señor Jesús.


 Credo.



ORACIÓN UNIVERSAL



Presentemos al Padre nuestras plegarias.

Después de cada petición diremos: Escúchanos, Padre.


Escúchanos. Padre.


Para que la Iglesia sea siempre portadora de paz, de concordia, de espíritu de servicio. Oremos.


Para que aquellos que en nombre de Dios promuevan enfrentamientos y violencias, descubran que el verdadero camino de Dios es el camino del amor. Oremos.


Para que los enfermos tengan la atención y la compañía que necesitan. Oremos.


Para que las personas mayores reciban la ayuda que les permita vivir dignamente. Oremos.


Para que los que sufren en nuestra Patria por la violencia, Dios les conceda ayuda y consuelo. Oremos.


Escucha, Padre, las súplicas que te presentamos. Tú eres la luz que nos ilumina.



Tú nunca nos abandonas. Permanece con nosotros, Señor, y condúcenos a tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Señor, con bondad, estos dones que has puesto en manos de tu Iglesia, y con tu poder conviértelos en el sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio para los domingos del Tiempo Ordinario.


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Sal 147, 12. 14)


Alaba, Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo.


ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN


Que la recepción de esta Eucaristía nos confirme, Señor, en tu amor y nos ayude a conseguir la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Published in: on 7 agosto, 2011 at 4:03  Dejar un comentario  

LECTURAS DEL SÁBADO XVIII DEL T. ORDINARIO 6 DE AGOSTO LA TRANSFIGURACIÓN

 

 

Vísperas I del domingo: 3a semana del Salterio. Tomo IV: p. 945. Para los fieles: p. 642. Ed. popular: pp. 202 y 474. Fiesta (Blanco)


LA GLORIA QUE SELLA EL CAMINO DEL JUSTO




Dn 7, 9-10. 13-14; Mt 17, 1-9



El libro de Daniel sostiene la esperanza de un pueblo postrado y humillado por la política imperialista de los griegos. Los israelitas fieles a su identidad y su tradición religiosa no se dejan aplastar. En medio de los momentos difíciles que atraviesan, reconocen las señales discretas de la presencia de Dios. La realidad sobrenatural es alentadora. Dios sigue atento a la suerte de su pueblo. En el relato de la transfiguración, Jesús intenta desvelar la hondura de su misterio. Más allá de las apariencias y detrás del destino violento que se avecina, despuntará la plenitud de la vida. La victoria del justo no es una ilusión. Es la palabra última y definitiva que el Padre pronunciará por su Hijo.



ANTÍFONA DE ENTRADA (cfr. Mt 17, 5)



El día de la Transfiguración apareció el Espíritu Santo en una nube luminosa y se oyó la voz del Padre celestial que decía: Éste es mi Hijo unigénito, en quien he puesto todo mi amor. Escúchenlo.



Se dice Gloria.



ORACIÓN COLECTA


Dios nuestro, que en la Transfiguración gloriosa de tu Hijo unigénito fortaleciste nuestra fe con el testimonio de Moisés y Elías y nos dejaste entrever la gloria que nos espera, como hijos tuyos, concédenos seguir el Evangelio de Cristo para compartir con Él la herencia de tu Reino. Por nuestro Señor Jesucristo…



LITURGIA DE LA PALABRA



Su vestido era blanco como la nieve.



Del libro del profeta Daniel: 7, 9-10. 13-14



Yo, Daniel, tuve una visión nocturna: vi que colocaban unos tronos y un anciano se sentó. Su vestido era blanco como la nieve, y sus cabellos, blancos como lana. Su trono, llamas de fuego, con ruedas encendidas. Un río de fuego brotaba delante de él. Miles y miles lo servían, millones y millones estaban a sus órdenes. Comenzó el juicio y se abrieron los libros. Yo seguí contemplando en mi visión nocturna y vi a alguien semejante a un hijo de hombre, que venía entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano de muchos siglos y fue introducido a su presencia. Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino. Y todos los pueblos y naciones de todas las lenguas lo servían. Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno, y su reino jamás será destruido


Palabra de Dios


Te alabamos, Señor.



Del salmo 96



 R/. Reina el Señor, alégrese la tierra.


Reina el Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor que se asienta en la justicia y el derecho. R/.


Los montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos. R/.


Tú, Señor altísimo, estás muy por encima de la tierra y mucho más en alto que los dioses. R/.



ACLAMACIÓN (Mt 17, 5)


 R/. Aleluya, aleluya.



Éste es mi Hijo muy amado, dice el Señor, en quien tengo puestas todas mis complacencias; escúchenlo. R/.



Su rostro se puso resplandeciente como el sol.



Del santo Evangelio según san Mateo: 17, 1-9



En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con Él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia; su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.


Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.



Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.



Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.


 Palabra del Señor.


 Gloria a ti, Señor Jesús.



ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS



Santifica, Señor, los dones que te presentamos y, por la Transfiguración de tu Hijo, haz que esta Eucaristía nos purifique de todos nuestros pecados. Por Jesucristo, nuestro Señor.



PREFACIO



En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.



Porque Cristo nuestro Señor reveló su gloria ante los testigos que Él escogió; y revistió con máximo esplendor su cuerpo, en todo semejante al nuestro, para quitar del corazón de sus discípulos el escándalo de la cruz y anunciar que toda la Iglesia —su cuerpo—, habría de participar de la gloria, que tan admirablemente resplandecía en Cristo, su cabeza.



Por eso, con los ángeles, que te cantan en el cielo, nosotros te alabamos en la tierra diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo…



ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (1 Jn 3, 2)



Cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal cual es.



ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN



Que la comunión que hemos recibido nos asemeje, Señor, cada día más a tu Hijo, cuya gloria quisiste manifestarnos en su Transfiguración. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Published in: on 7 agosto, 2011 at 3:57  Dejar un comentario